Something too big to ignore

22. Periodista. Melómana.

Oscuridad

Lo despertó el ruido del piano. Al gato le llamaban la atención las teclas y siempre se las ingeniaba para treparse, rodar con todo su cuerpo sobre cada una de ellas y sacarlo de quicio. Horacio se tomó su tiempo para despegarse de la cama: primero, un largo bostezo estirando cada una de sus partes, y finalmente, un suave movimiento con la cabeza de un lado a otro, para darle una completa elongación a su cuello. En plena oscuridad, buscó con los pies las pantuflas debajo de la cama, manoteó sus anteojos de la mesita de luz, pero no estaban allí. Probó en el cajón y tampoco, seguro los había dejado sobre el sillón del comedor, donde había caído muerto la noche anterior, y cuando se pasó a la cama para dormir más cómodo, se olvidó de llevarlos consigo.

Caminando por ese pasillo que parecía infinito, se dio cuenta que no había luz en toda la casa y se chocó con la mesita ratona del living, atestada con botellas de Malbec, ceniceros repletos de colillas y los discos desparramados de Coltrane, Mile Davis y Charlie Parker. La reunión del día anterior lo había dejado con resaca y un poco de acidez, pero tenía que levantarse y trabajar en sus partituras, no podía quedarse durmiendo todo el día. Esta era su oportunidad perfecta para demostrarle a Emilia que podía ser constante, disfrutar sus ratos libres bebiendo con amigos y a la vez mantener un trabajo con semejante prestigio como el de la orquesta de jazz.   

Una vez en la cocina, buscó velas por todas partes, pero no lograba encontrarlas porque todo seguía en plena oscuridad. No entendía cómo a las seis de la mañana el cielo seguía negro y ni un mínimo reflejo de luz entraba en la casa. Salió disparado hacia la puerta. Le costó encontrar la llave y meterla en la cerradura. Apenas la abrió, lo invadió una helada brisa matutina seguida de una sensación de angustia y desesperación. Sintió que entraba en pánico.

Las lágrimas caían lentamente por sus mejillas y el aire olía al pasto mojado de la plaza de enfrente.

Se sacó sus anteojos y los tiró al piso. No los volvería a usar jamás. 

Mi vida sentimental se resume a esta película, repetida una y otra vez. 

Busco un Aullido que aturda a las mentes de hoy. Que nos haga pensar, crear y vivir, que sea nuestra cafeína de todos los días contra la rutina agotadora que seguimos por inercia. Que no se quede atrapado en 140 caracteres. Que sea una molestia para los censores del siglo pasado y nos ayude a ser más libres. Que bregue por más derechos y menos derecha. Porque si Juan quiere ser Carla y viceversa, serán sin miedo y con orgullo. Para aprender -de una vez por todas- que nuestros cuerpos no son jaulas, no vienen manufacturados y que con valor se vence al photoshop. Para que viajemos con nuestra cabeza y la partamos en mil colores y formas, la desarmemos, volvamos a armar y disfrutemos esa travesía. Hoy, que todavía vivimos alienados y nuestros intereses chocan constantemente entre cacerolas, balas y humo, usemos nuestra boca para aullar, ahora.

Ellos no pueden prohibirnos. Nada.


It seems so important now
But you will get over
And when you get over
When you get older
Then you will remember
Why it was so important then

It seems so important now

But you will get over

And when you get over

When you get older

Then you will remember

Why it was so important then

Estas son algunas fotos del show de Lee Ranaldo en The Bell House, Brooklyn, NYC. Mi amiga me prestó su cámara y esto fue lo que salió.